4 de enero de 2012

República de la razón

Habrán pasado tres meses desde que sintió el calor de la vida de nuevo, también el frío, como era de esperar, pero el transcurso de los hechos lo ha hecho volver a ir bajo las sombras de los árboles mientras camina por la calle, esa inseguridad que sanaba con la seguridad de la oscuridad. Nunca la echo tanto de menos, tanto es así que cubría su piel del sol y sus ojos de sus rayos. Nunca negó que no tuviera miedo de volver a estar vivo, pasó mucho miedo. Entender que de nuevo su cabeza se sometería al descontrol del corazón, a esos malditos bastardos sentimientos que inhibían y marcaban al milímetro cada razón de su mente, pero lo afrontó con valor y sobretodo con ilusión. Una ilusión que poco a poco se fue evaporando y con ellos todos los sentimientos de buen augurio, dando paso a todos aquellos que destruyen al hombre débil; el odio, la pena, la tristeza, la decepción, la indiferencia... 

Las últimas voces en su mente rumoreaban que la mente de nuevo había capturado al corazón, que dentro de sí hubo un golpe de estado forzado por él mismo. Un golpe de estado que sin duda lo dejó exhausto, ya que su cabeza sabía que sus sentimientos eran pasionales y ambiciosos, y esos son resistentes y difíciles de destruir. Seguramente la mente se dio cuenta de que el volver a la vida no había hecho más que provocarle dolor. Cuanto más vivo se sentía, más intenso era el dolor. Por lo que su mente decidió, de acuerdo con él mismo, atentar contra su ilusión y su vida, y de este modo volver a las sombras, a la vida desde abajo, a la muerte pasional y a un infierno racional, donde no existen más que grises y donde el dolor tan solo es una palabra que, como la hache, no suena.

Su mente entendió que ya no tenía un porqué sólido y que, por ello, no podría soportar el hecho de afrontar los cómos que ese porqué conllevaba. Tal fue la mina en sí mismo, que incluso la razón quedó enloquecida, de tal modo, que jamás pudo obrar por cuenta propia sin salir malherida cada vez que intentaba lograr entender el qué falló, el que mal obró, el porqué a cada hecho que hirió su alma y que lo llevaban al camino del sufrimiento. Por ello, su corazón fue encarcelado junto a todos aquellos sentimientos que inundaron y obstruyeron a la razón, aquellos que fueron demasiado persistentes fueron ejecutados pese al dolor que provocaba en su alma cada pérdida. Así que finalmente, su mente restauró de nuevo la república de la razón.







"Todo lo que precede al pero son lágrimas que van a parar al mar"

6 de diciembre de 2011

Se tú por mí

Se va la luz del día y asaltan las dudas, las sombras no te dejan ver, siempre has jugado a protegerte detrás de ellas, porque así, sólo así sabrías que tu alma restaría en paz, sin cicatrices en el corazón, sin penas ni tampoco glorias. Has decidido crear un manto tan duro, que tan duro ha convertido tu piel, imposible de reblandecer ni de atravesar. Y pese a llover tanto, a que las gotas pudieran desteñir el tono pálido que tu piel dibuja a los ojos del resto, aunque tu imagen pudiera ser descuidada e imprecisa, jamás te preocupó, porque no había más preocupación que la necesidad absoluta de proteger aquello que en su día te lastimaron.

Y aparece, de la nada, una luz al fondo del callejón donde te encuentras, una luz que te crea miedo, pero a su vez invade un sentimiento cálido que produce un escalofrío tan súbito que recorre en segundos todo tu cuerpo. Tienes miedo porque sabes que esa luz te pone de nuevo al descubierto al mundo, porque enseñas de nuevo cicatrices que han marcado una vida pasada y temes de nuevo caer en un abismo que te devuelva al suelo malherido, con el propósito de nuevo curarte y volverte de nuevo duro.
Pero nada más lejos de la realidad, te has dado cuenta que cuanto más cerca ha estado, más vivo te has sentido, más grande has vuelto a ser, más libre... Se han caído todas las raíces que me asentaban bajo ese manto, ha conseguido atravesar de un soplido esa malla de acero que recubría tu piel, ha logrado reanimar tu pulso después de llevar dos años sin señales.

Y pese a todo, no sabes qué es, sólo sabes que vive en ti, que quieres disfrutar y no perderla jamás. Cautivar esa luz y hacerla estandarte de una nueva bandera, una en la que los tonos oscuros no sean protagonistas. Donde reine el verde esperanza, el rojo pasión, el naranja vitalidad, el azul tranquilidad, el blanco paz, el amarillo suerte... Y donde el negro tan sólo sea el recuerdo a todos aquello que un día estuvieron aquí y que hoy están en nuestra mente y nuestro corazón. Y conquistar cada rincón de nuestro mundo llevando tal bandera como escudo y como espada, luchar contra todos aquellos obstáculos que un día te hicieron caer una y otra vez. Sabes que darás 100103 pasos y el recuerdo que habita en el cielo jamás desaparecerá, hoy tu deseo es que pudieran compartir en vida lo que este día significa para ti.

 Hoy has decidido salir a la luz, has decidido decirle a esa luz: 

"Se tú por mí"









"Nunca te fuiste de mi vida, no estás solo"
"100103"

2 de diciembre de 2011

Colapso

Ha llovido tanto desde entonces... recuerdo cuando por entonces adoraba la lluvia, cuando mojarse mientras caminabas era un juego y que, lo que para tantos era desagradable, para mí era una señal de que seguía vivo. Ha llovido tanto...


He recordado palabras que algún día mi mente escupió en tantas hojas que guardo desordenadas por diferentes cajones; arrugadas, rotas, perdidas... como un puñado de ideas que ahora me vienen a la cabeza y que no logro clasificar. De nuevo recuerdo esa frase típica que te suelta tu madre o tu abuela cuando te decía: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy"... Doy por hecho que tanta información, tantos hechos y tantos pensamientos han intentado entrar en mi mente y ésta, a modo de embudo, las ha intentado introducir una a una... pero todos sabemos que si vamos echando agua a un embudo ininterrumpidamente, sin dejar que éste vaya pasando agua, al final rebosa y se cae. Y así me siento; rebosado, rebosado de información y de pensamientos, de hechos que se amontonan en mi mente y no encajan a buen recaudo en mi interior, sino que andan divagando por aquí arriba sin destino, sin solución, sin remedio... y allí perecen inmortales, esperando a atacar cuando la más mínima duda llama a la puerta de mi razón. Entonces se hace fuerte, se aferra a tal duda para generar una infección de sentimientos que no hacen más que deshacer la línea que separa mi paciencia de una locura interminable.


Me he acostumbrado a vivir apartado de mis pensamientos intentando rechazar cualquier decisión que remita a un debate intelectual entre mi mente y mi deseo, pero pese a ello no consigo lograr tal causa. Todos me recuerdan que: "Estas cosas llegan solas, no se pueden controlar... uno no decide cuando va a llegar... llega y punto". Y yo les aplaudo, porque corroboro que llegará, pero un debate entre razón y pasión es un arma de doble filo; puede ser la solución o puede ser la sentencia.


Y hace poco viví tal debate. Alguien introdujo una idea en lo más profundo de mi razón, tan adentro que mi corazón hizo conciencia de ello, y como siempre; ambos empezaron a discutir. Siempre me he considerado una persona que ha sabido entender ambas partes, pero aún así, y aunque muchos digan que no tienen favoritos dentro de un grupo, yo prefería hacer caer la balanza en favor a la razón, pues es mi "ojito derecho" y, como dice mi madre: "Tu hermano me da menos disgustos"; de ese modo yo también adoraba mi razón. Pese a ello esa idea corroía de manera drástica esa línea racional y poco a poco se anclaba más adentro de mi alma, y parece ser que a mi razón se le escapaban razones para defender su posición... Poco a poco, la pasión, mejor dicho, la "indomable pasión" se hacía con el poder de esa idea y sabía que si algún día se hacía con el control absoluto de esa idea, los cimientos de mi cabeza temblarían provocando un colapso que podría suponer mi fin... o quizás mi salvación.

26 de junio de 2011

Fugaces

"Estás esperando un tren. Un tren que te llevará muy lejos. Tu sabes donde quieres que este tren te lleve, pero no sabes donde te llevará. Pero no importa, porque estaremos juntos."

Detenidos tus pasos has descubierto que hacía mucho que no te dabas cuenta de cómo se movía tu alrededor. Esa peonza parecía moverse más lento de lo que realmente lo hace, y en realidad, nada ha cambiado excepto tú. Has esperado un tren, has querido coger un tren, pero aquél que estuviera en marcha, que fuera a gran velocidad para que te llevará dónde fuera pero lo más rápido posible. Te has acostumbrado a vivir rápido, a eludir los detalles y a representar tu vida en trazos lineales, sin ornamentos. Rapidez y fugacidad, tus ojitos derechos. Y de tanta velocidad, tanta insensatez, que al intentar coger trenes a gran velocidad, tan rápido has caído y tan rápido lo has visto alejarse de ti. De nuevo, ves los trenes pasar, y tú, sin embargo, de nuevo caes de espalda contra los raíles de la estación de la desesperación en la urbanización de la impaciencia.

Con tu cabeza sobre las rodillas te das cuenta que tu vida parece una carrera de obstáculos y que, cuando miras atrás, te das cuenta que has tropezado con todos ellos, y cuando miras adelante ves que hay una inmensidad, un infinito... ves que no hay nada. Y sabes qué quieres, pero no sabes si llegarás, si tus pies lograrán ir despacio para adecuarte al ritmo de tu vida, pero a pesar de todo, reconoces en tu interior que eso jamás será así. Que pronto volverás a ponerte en pie y a esprintar de nuevo. Sólo una pared te hará frenar pero sabes que dolerá y a pesar de ello no te das cuenta que quizás alguien coja tu mano y te frene de tal locura. Que coja tu cabeza y la coloque sobre su vientre y te diga que la vida es fugaz y que los momentos son únicos; que nada es para siempre, que la vida es efímera si la hacemos efímera. Quizás te diga que pese a que la vida sea fugaz, lo bonito, lo esencial, se encuentre entre los trazos que dibujan cada momento.

Sabes dónde quieres pero no sabes si llegarás, pero no importa si al final no estás solo.